BECHTOLD VERSUS IBIZA
"Ibiza ejerció inmediatamente una gran fascinación sobre mí. Descubría la atmósfera favorable para mi trabajo, el entorno que necesitaba para profundizar en mi problemática artística. En Ibiza encontré la absoluta tranquilidad para mi pintura, las condiciones óptimas para la concentración y la contemplación". En estos términos, Erwin Bechtold define su estrecha y apasionada relación con la isla pitiusa. Ibiza se ha convertido en un punto referencia¡ para su obra y en su vida. Can Cardona sobre una suave colina, en el término de Sant Caries, ha sido la residencia y el taller donde durante más de cuarenta años el artista ha ido tejiendo el complejo entramado de su estilo, comprometido en el enfretamiento plástico que se produce entre la materia y el vacío. El taller de Bechtold es amplio y luminoso. Es un sitio idóneo para pintar porque para ello fue pensado y es utilizado. Bechtold, metódicamente, trabaja cada día, sin descanso ni interrupción. Todo se encuentra en el lugar adecuado y en perfecto orden: las telas inmaculadas, los bocetos y estudios, las obras en proceso, los lienzos concluídos, los útiles de pintura ocupan, con aparente libertad, su particular espacio. Es el reflejo de una forma de vida que, en Bechtold, adquiere el valor de la coherencia y autenticidad. Can Cardona globalmente considerada es un gran taller de pintura donde nada se ha descuidado y todo favorece el silencio y la tranquilidad. Aún conserva la primitiva construcción como núcleo principal arquitectónico A partir de ella el resto de dependencias se ha ido creciendo en respuesta a las austeras necesidades que su trabajo iba demandando. Bechtold diseñó todos y cada uno de los espacios. Su concepto ha sido el de no imitar lo antiguo respetando, sin embargo, las proporciones y el entorno. Bechtold, como Sert, Rodríguez Arias, Broner o Torres Clavé concibió su hábitat desde la lógica intelectual de su trabajo. El resultado es una equilibrada construcción a través de la cual, como afirma Salvador Roig, "los dos conceptos arquitectónicos -el histórico y el de nueva planta- se refuerzan uno al otro en una perfecta convivencia.
Bechtold llegó a Ibiza procedente de Barcelona gracias al consejo de un amigo, quien le había hablado de la conveniencia de realizar una visita a éste, entonces, recóndito y sorprendente lugar. El viaje era, por aquel entonces, una auténtica aventura. La travesía se realizaba en un pequeño barco de vapor que sólo se atrevía a salir cuando obtenía el tácito beneplácito de la mar. La Ibiza de hoy poco tiene que ver con la que recibió a Bechtold en aquel año de 1954. Y, sin embargo, Bechtold no ha olvidado ninguno de los detalles. Al hablar con él, los recuerdos de aquella Ibiza sugestiva y sorprendente reaparecen como si apenas hubieran pasado unos pocos años. Había encontrado no sólo el entorno adecuado sino también un grupo de artistas que venidos de todo el mundo habían convertido Ibiza en su refugio permanente. Bechtold se sumaba, convencido.
Erwin Bechtold había nacido en Colonia en 1925. Formado en la gran empresa familiar, una imprenta de merecido prestigio, obtuvo el grado de maestro en tipografía e impresión con sólo 25 años, edad extraordinariamente temprana para alcanzar dicho grado. Su futuro estaba más que asegurado, y sin embargo, sorpresivamente abandona la tradición familiar para dedicarse a la pintura. Es una madurada decisión que provoca el desconcierto no exento de cierta decepción entre sus familiares y amigos. Deja Colonia y se traslada a París donde encuentra el apoyo de Fernand Léger, quien le incluye entre los alumnos de su círculo artístico. Pero París no iba a ser su destino final. Erwin Bechtold busca un lugar más tranquilo que una gran y polifacética urbe. Junto a un grupo de amigos prepara un breve viaje a Barcelona. Su llegada la revive Ricart Giralt-Miracle: "Un atardecer de 1951, cuando ya cerrábamos nuestro taller, entraron tres jóvenes alemanes desconocidos para mí y que apenas hablaban castellano. Su objetivo era el de enseñarme sus trabajos con el propósito de conseguir algún encargo y poder permanecer en Barcelona algunos días... En los tiempos de la España autárquica esta experiencia era realmente insólita, e invertía la dinámica emigratoria. Cuando todos los españoles buscaban trabajo en Alemania, un alemán decidía pasar los Pirineos para trabajar en Barcelona". Lo que en un principio iba a ser una breve estancia se convertirá en la cabeza de puente hacia su residencia definitiva en España. Consigue unos trabajos que le permiten tomar la decisión de fijar su residencia en Barcelona. Inquieto y con enormes deseos de participar en la revolución artística que en aquellos años tiene su centro en la ciudad condal, conecta con la vanguardia artística y conoce a J. Ponq, a Tápies, M. Cuixart, etc.... El "Club 49" bajo cuyas siglas se ocultan un grupo de intelectuales que operan al margen de la oficialidad apoya su primera exposición en la Sala Gaspar de Barcelona (1956). Alexander Cirici realiza la presentación del joven artista a una hora tan intempestiva como es la medianoche. Esta exposición significa la aceptación oficial de Bechtold en los círculos artísticos de la vanguardia catalana con la que mantendrá un contacto sólido y duradero. El mismo año realiza un breve viaje a Madrid donde, al tiempo que expone en la mítica Galería Buchholz, entabla amistad con los componentes de El Paso.
Por aquel entonces Bechtold ya se había instalado provisionalmente en Ibiza con su primera esposa, la artista María Paffenholz. Allí, en 1955, nació su hijo Matías. Sin embargo, un año más tarde se separan y Bechtold regresa, momentáneamente, a Alemania viviendo en Berlín. Ésta breve estancia le permite conectar con los artistas jóvenes de su generación, al ser invitado a participar en la importante exposición "Eine neue Richtung in der Malerei" de la Kunsthalle de Mannheim. En 1958 vuelve a Ibiza, esta vez, con su segunda mujer Cristina. El traslado es definitivo. Adquieren la pequeña finca Can Cardona e instalan su residencia permanente, sin que ello suponga renunciar a sus constantes viajes a Barcelona y Alemania.
El compromiso de Bechtold con la isla y los artistas que en ella viven es inmediato e indiscutible. El estímulo lo recibió de Emilio Schillinger dueño de uno de los primeros hoteles-restaurantes de la ciudad quien pretendía realizar exposiciones en el antiguo palacio de El Corsario. Schillinger se puso en contacto con Bechtold y, a su vez, éste aglutinó a un grupo de amigos. El resultado fue que el 27 de junio de 1959 se presenta la primera exposición del Grupo Ibiza 59. Erwin Broner, Piere Haubensak, Hans Laabs, Katja Meirowsky, Robert Munford, Egon Neubauer, Antonio Ruiz, Carlos Sansegundo, Bertil Sjóberg, Bob Thompson, Heins Trókes y Erwin Bechtold constituyen la primera formación. "Apenas fueron diez las exposiciones realizadas por el Grupo en cuatro años -escribe Elena Ruiz- el resto lo constituyen muestras individuales y de artistas invitados, ya que ejercían al mismo tiempo de galeristas. Figuras como Genovés, Mompó, Amadeo Gabino, Vento o Sempere, por citar unos pocos entre los españoles o Appel, entre los muros de El Corsario gracias a ellos". También expusieron lienzos Braque, Ernst, Miró, Poliakoff, Singier, Kunkel y Corneille entre otros. J. LL. Sert y W. Gropius también frecuentan la isla y las reuniones del Grupo. Es un momento en que Ibiza refleja el espíritu renovador, moderno y original que una parte de la sociedad demanda. La existencia del GRUPO IBIZA 59 fue posible según Bechtold "por haberse -Ibiza- convertido de manera insospechada en patria de almas solitarias de todo el mundo. Personas que, en su mayoría, estaban decepcionadas de la vida en las grandes urbes, rompían sus vínculos nacionales para buscar una sociedad mejor y más reducida". Así, entonces, Ibiza les facilitó el encuentro, les permitió el contacto y les mantuvo unidos en la tarea de continuar investigando sobre las raíces del arte contemporáneo frente a la asfixiante monotonía del arte oficialista.
El asilamiento ibicenco está, únicamente, en función de su trabajo. Bechtold mantiene estrechos contactos con los centros artísticos de Barcelona y Alemania. Su obra se exhibe con asiduidad en Mannheim, Colonia, Barcelona, Madrid, Bonn, Baden-Baden, Munich, etc. En los primeros años de la década de los sesenta abandona la ortodoxia informalista con la que se había iniciado. Entra en un proceso de eliminación y reconversión que le conduce a una etapa en la que se advierte una cierta figuración de fuerte carga sensual. La incorporación de elementos anatómicos muy estilizados, así como un cambio substancial en el proceso técnico, provocan un cambio de sentido en la trayectoria artística de su obra. Es un período clave a tener en cuenta. Consciente de la veracidad de su pintura y de la honestidad de sus propuestas mantiene una acalorada discusión artística en el Studio DuMont a raíz de la exhibición de la serie "Erotismo" en el Kunstverein de Colonia, en 1964. El asunto no era otro que los límites del arte y la legitimidad del proceso creativo. Bechtold defendía la libertad del artista frente a la intransigencia oficial siempre demasiado ocupada en "proteger" su propia idea de cultura. Los asistentes al acto público fueron el psiquiatra De Boor, el escritor Albrecht Fabri, el teólogo moralista católico Anselm Herz y Erwin Bechtold.
A principios de la década de los setenta establece una profunda amistad con uno de los más significativos galeristas barceloneses de aquellos tiempos, René Métras, al que le gustaba decir que Bechtold arraigó muy pronto entre nosotros. Sus amigos y admiradores se multiplicaron porque veían en él a un alemán vitalista y a un catalán ordenador y constructor de formas. A Bechtold se le recibe aquí como a uno de los nuestros. Bechtold puede dar porque vino a recibir. La colaboración con René Métras facilitará una serie de exposiciones que hoy se convierten en momentos claves y decisivos para comprender la evolución plástica de su obra. Bechtold ha decidido caminar sólo en la búsqueda de un lenguaje expresivo y perturbador. No me siento responsable de ninguna tendencia, sólo de mi obra, acostumbra repetir. Maria Lluísa Borrás confirma el hallazgo: "En cuanto al color, ha logrado algo dificilísimo en la pintura de hoy, como es conseguir imprimirle un sello absolutamente propio y personal; su color es denso, mate, opaco y corresponde desde sus mismos inicios al resultado de un proceso mental y no a la simple mezcla o matización en gradaciones".
Bechtold, preocupado por el problema estético más que por el desarrollo de las formas, se une al grupo "Syn", entre los que se encuentran Bernd Berner, Rolf-Gunter Dienst, Klaus Jürgen-Fischer y Eduard Micus. En realidad el objetivo primordial del grupo no es otro que el ejercicio intelectual, de carácter artístico, que busca el enfrentamiento de posiciones contrarias con el fin de realzar los valores que cada una de las proposiciones individuales puedan poseer. Sin duda, "Syn" supuso para Bechtold un desafío al que supo dar una solución original y atrevida: concentrar sus esfuerzos en un sólo tema para extraerle toda su capacidad estética y formal. Los resultados de esta "revolución" plástica en la trayectoria artística de Bechtold se aprecian ya a mediados de los años setenta. A. Cirici describía esta época de la obra de Bechtold en los siguientes términos: "El color se halla prácticamente ausente en unas composiciones de fondo blanco, dibujadas con lápiz y con moderadas intervenciones locales de acrílico. En este caso, todo el diseño es puro y geométrico, excepto un lado o una esquina, que se presentan cortados, aplastados, seccionados o biselados".
El proceso de depuración formal que se opera en la obra de Bechtold alcanza uno de los grados más significativos cuando en 1979 presenta en la Fundación Joan Miró de Barcelona la exposición titulada "Monosérie". Josep Lluís Sert, en el catálogo de la muestra, escribía "Erwin Bechtold presenta un estudio sobre lo que hoy es un nuevo campo, el de la creación de pinturas para un espacio arquitectónico definido, y hace ir más lejos su experimento añadiéndole un sonido adecuado. Repetición y contrastes trabajan simultáneamente. La geometría, cuidadosamente medida, acentúa los elementos espontáneos e incontrolados". La obra dispuesta rítmicamente en línea y suspendida del techo se fundía con el espacio simbolizando la siempre buscada "integración total de las artes". Las doce unidades se reforzaban por el sonido repetitivo de una grabación acústica original del mismo Bechtold. Estudios y preliminares acompañaban la instalación presentada. Cuando en 1994, por primera vez, se volvió a reinstalar la "Monosérie" en el espacio gótico de la Lonja de Palma, Bechtold experimentó la sensación de una recuperación íntima y excepcional. ¿Podría adecuar la serie en un espacio tan distinto y mantener toda la validez inicial. La "Monosérie" en esta ocasión se dispuso a manera de gran tríptico abierto de forma que el espectador se "introducía" en la misma obra rodeado por los lienzos y por el sonido repicarte de la grabación que hiciera, entonces, el mismo artista. "Lo mismo no es lo mismo" decía Bechtold en el catálogo de la presentación de la "Monosérie". La obra lejos de convertirse en un objeto inerte, museístico, se convierte en un elemento vivo en manos de la voluntad creadora del artista.
En 1987 inicia la serie "Tema-ángulo-superficie-espacio". La actividad de Erwin Bechtold se multiplica. Su obra se encuentra en un estadio de gran madurez. Realiza grandes telas para diversas empresas alemanas y colabora con el arquitecto Carlfried Mutscheler en el diseño y ejecución de las cuatro fachadas y un vasto mural para el salón de actos del Reiss-Museum de Manheinn. De nuevo, con notable acierto, Bechtold volvía a intervenir en un proyecto integrador de su obra en un conjunto arquitectónico. En 1990 se le concedió el título honorífico de Profesor del Land Baden-Württemberg. Pero no es la única distinción que ha ido acumulando a lo largo de su vida: en 1959 había obtenido el Premio del Salón de Sitges, Premio Filograf en 1955, Distinción del Instituto del Libro en 1956, Premio FAD en 1961, miembro del Deutscher Künstlerbund en 1962 y miembro de la Akademie der Künste deMannheim en 1983. Esta facilidad que posee Bechtold para abordar diferentes campos artísticos, con seguridad, proviene de la sólida formación científica, artística y humanística que posee, pero también, del enorme respeto y responsabilidad que su trabajo tiene para él. Quienes han tenido la oportunidad de colaborar con el artista saben de su meticulosidad, de la exigencia que plantea y del rigor que él mismo se impone. Por ello sus incursiones en otras disciplinas siempre tienen el sello de la perfección e innovación. Cabe recordar, como afirma Juan Perucho, su decisiva participación en la normalización del nuevo grafismo español (Ediciones Destino) o las intervenciones en interiorismo (Librería Áncora y Delfín y Librería Técnica Extranjera) que marcaron una época en la Barcelona de los años sesenta.
Erwin Bechtold, cumplidos los setenta años, continua trabajando con la misma vitalidad y pasión que le han caracterizado. Los proyectos y demandas de colaboraciones se suceden uno tras otro. Su casa, y doy fe, permanece siempre abierta a cuantos a ella se acercan. No ha perdido la hospitalidad secular que caracterizó a la sociedad ibicenca y lo sabe bien Caty Verdera, amiga y galerista que dirige la Galería van der Voort que ha orientado con inteligencia una gran parte de la reciente historia artística de la isla pitiusa. Con su mediación me acerqué a Can Cardona y fraguaron una serie de colaboraciones al tiempo que una auténtica admiración y amistad. Conjugando sus esfuerzos y con la ilusión que sólo él sabe imprimir a los proyectos, la Conselleria de Cultura del Govern Balear abrió las puertas de La Lonja para acoger bajo su espléndida arquitectura gótica la exposición antológica que en itinerancia iba a ser expuesta en Colonia, Barcelona, Ibiza y Dormunt. Merecido tributo de todas aquellas ciudades que se han significado en la vida de Erwin Behctold.
"Pocos artistas de nuestra escena -escribe Juan Manuel Bonethan desplegado una actividad tan plural, y a la vez tan coherente, y lo más sorprendente del caso es que él lo ha hecho no en medio del trabajo de una urbe, sino desde el retiro, desde la soledad de una isla". Sin duda, Erwin Bechtold ha sabido como pocos encontrar su particular paraíso desde donde ofrecernos una versión particularizada del mismo. Fiel a sí mismo, lejos de las posiciones amaneradas y de moda, Erwin Bechtold ha sabido crear una valiosa aportación a la historia de la pintura de nuestro tiempo.
Lluís G. Socias i Cerda